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Buscando palabras para Robin Williams

La actuación es algo muy difícil de juzgar a nivel técnico. Cuando un actor es bueno o malo nos damos cuenta, pero cuando nos preguntamos por qué... ahí estamos perdidos. Por Jorge Balmelli

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Los críticos gastan ríos de tinta en hablar de cinematografía, edición, formatos y sonido, analizando las decisiones de los directores una por una, película tras película. Pero pocos se animan a hacer lo mismo con los actores. ¿Por qué? Porque no existen las herramientas. Los planos son reconocibles y tienen nombres. ¿Cuál es la palabra para describir cuando un actor expresa la emoción indicada durante un instante pero luego la pierde? Alguna gente prefiere no analizar aquello que no parece analizable, y por el camino dejamos de discutir mucho sobre lo que probablemente sea el elemento más efímero y humano de las películas.

Robin Williams falleció y su legado está lleno de cosas difíciles de describir. Como la calidez que le infundió a Sean McGuire, el profesor universitario de Good Will Hunting (1997). Williams creó un personaje paternal, capaz de un amor brutalmente honesto y despiadadamente protector, expresado a la perfección con miradas, sonrisas, y un abrazo devastador al final del film. O la locura destructiva y maniática de Rainbow Randalph en Death To Smoochy (2002), donde Williams, ayudado por baile, canto e improvisación cómica, interpreta el subibaja maniácodepresivo de una ex estrella de televisión.



Por suerte no hay palabras técnicas para describir esas cosas. Hay que experimentarlas. Acá va una lista de películas recomendadas de Robin Williams. No busca ser exhaustiva ni mucho menos. Es completamente personal.

Good Morning, Vietnam (1988): La crítica la considera una de sus mejores películas, más que nada porque marcó el quiebre entre el cómico de stand up y el actor capaz de hacer drama. Tiene qué decir sobre la relación entre el cómico y sus problemas personales.

The Adventures of Baron Munchausen (1988): Dirigida por el ex Monty Python, Terry Gilliam, esta película es un derroche de escenarios, efectos y surrealismo. El guion se pone pesado de la mitad para adelante, como Brazil (1985). Robin Williams es una cabeza flotante tiránica.

The Fisher King (1991): Terry Gilliam de nuevo. Siempre tuvo ganas de hacer una película sobre El Quijote y algo de eso hay acá. Robin Williams interpreta una locura caballeresca y profética. El contrapunto lo pone un cínico y bajado a tierra Jeff Bridges.

Aladdin (1992): Robin Williams se deshace de su cuerpo y da una de las mejores interpretaciones de su carrera, aprovechando todo lo que aprendió de la comedia de improvisación, canto, imitaciones y, pese a lo que muchos pensarían de una película animada, de drama.

Toys (1992): Williams parece hecho para habitar en mundos de fantasía. No tengo muy claro cuál era el mensaje de esta película (¿algo sobre la guerra y los juguetes…?), pero todo lo visual, desde el diseño de los sets, hasta el maquillaje y el vestuario, es de otro planeta. Williams juega con el arquetipo del genio inocente lleno de ilusiones.

The Birdcage (1996): Fiel a su origen como obra teatral, la película destaca por sus actuaciones (y por un casting soberbio) y no por su trama. Una comedia de enredos donde Robin Williams no se permite ninguno de sus trucos más viejos. Tal vez por eso le sale tan bien.

What Dreams May Come (1998): Hollywood nunca se animó a adaptar la Divina Comedia, pero esta película se acerca bastante. El drama de una familia desgarrada por la muerte de un hijo se vive en el más allá, en paisajes emocionales y mentales realizados con una delicadeza artística. Una de las mejores interpretaciones dramáticas de Williams. 

Jorge Balmelli @JorgeBalmelli
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