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Sadismo con swing

"Whiplash" no es solo sobre una obsesión, jazz o un baterista. Es una mirada al sadomasoquismo de la relación entre maestro y aprendiz. Por Jorge Balmelli

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Buddy Rich nació en una familia de artistas. Creció escuchando música y fue un niño prodigio, a los once lideraba una banda. Nunca practicaba. Le enseñanza formal solo lo hubiera hecho mediocre y lento. Al menos esa es la historia que él contaba. Y podía darse el lujo de contar lo que quisiera: era el mejor baterista que jamás había vivido. 

La mayoría de los músicos no son Buddy Rich. Al igual que Andrew Neiman (interpretado por Miles Teller) estudian y practican. Neiman aspira a ser Buddy Rich, y para eso se enroló en el conservatorio más exigente de Nueva York, probablemente uno de los mejores de Estados Unidos. En ese conservatorio hay un profesor llamado Terence Fletcher (interpretado por J.K. Simmons). Al principio de la película no lo conocemos: sabemos que está escuchando alguna clase porque está su silueta en la ventana, porque los estudiantes se esfuerzan con la esperanza de ser señalados como merecedores y acompañar a Fletcher a su salón privado, con su orquesta privada.

Whiplash, la película del director y escritor Damien Chazelle, no es solo la historia de cómo un joven lucha por sus sueños. Es una historia que analiza las consecuencias de obsesionarse por la perfección, por perseguir un sueño a pesar de todo. Amigos, amores, familia y salud quedan atrás y es desgarrador. Pero hay más. Whiplash es una película que analiza en profundidad la relación de maestro y aprendiz, en todo su sentido sadomasoquista. 



Ser aprendiz es una humillación implícita. Es darle el poder a otra persona, ponerla en el pedestal de aquel que sabe. En la educación formal (y algunos podrían decir, real) no existen maestros ignorantes que se pongan al nivel de los estudiantes. Y estar por encima de otro es una experiencia embriagadora. Para el profesor, es la oportunidad de moldear a otro a placer. Un proceso que puede ser placentero o una tortura. 

La relación entre Neiman y Fletcher es de estas últimas. Whiplash tiene algunas escenas que son realmente tortuosas. Por ejemplo, cuando practican secciones de la canción que da nombre a la película. Fletcher detiene a Neiman una y otra y otra y otra vez. Al principio con cordialidad y hasta cariño. "Te estás adelantando a mi ritmo, no pasa nada, no te preocupes, vamos de nuevo". "Te estás adelantando, sólo un pelito". Abruptamente se aleja hacia su escritorio, agarra un asiento y se lo lanza al baterista, casi arrancándole la cabeza. 

La banda se detiene en seco. “¿Por qué te tiré una silla por la cabeza?” pregunta el maestro. “No sé” tartamudea, sorprendido, el aprendiz. “¿No sabés?”. “¿El tempo?”. El acto mismo de aceptar el degradante interrogatorio después de una agresión así nos anuncia que Neiman pasará por todo tipo de abusos para poder conseguir la aceptación de Fletcher. Y el conductor de esa orquesta se mostrará más que creativo. 



Tal vez el momento más difícil no sea ninguna de las agresiones físicas o verbales, sino una más profunda. Fletcher consigue otro baterista. Al principio parece una picardía: el conductor entra a la clase con un estudiante joven y apuesto, que escuchó por casualidad en una clase y encontró que tiene tremendo swing. Neiman continúa esforzándose, pero el profesor quiere escuchar al estudiante nuevo, porque este tiene un toque especial. 

Así como el baterista tomó el lugar de otro para entrar a la banda, ahora se da cuenta que es parte de un ciclo perverso: ahora sabe que antes de él hubo incontables aprendices compitiendo y odiándose, todos buscando conseguir sentarse en el sillín y tocar para el maestro, ser humillados y, tal vez, algún día, aceptados.  

En una escena que se hace deliciosamente larga, el maestro hace pasar uno tras otro a sus bateristas para que practiquen una sección hasta que les salga justo como él quiere. Ninguno lo consigue y el conductor le pide disculpas al resto de la banda, pero que los bateristas van a seguir practicando solos. "Vamos a estar todo el tiempo que necesitemos hasta que uno de ustedes, maricones, pueda tocar a tiempo" anuncia. 

Y así están horas y horas mientras el maestro lanza insulto tras insulto, especialmente homofóbicos. "¿Realmente eso es lo más rápido que podés tocar, maricón? Con razón tu mamá te abandonó" le dice a Neiman, que cometió el error de abrirse con el conductor y contarle su vida privada. "Ahora, que venga el señor Orgullo Gay del Upper West Side" anuncia Fletcher, llamando al otro baterista, poniéndolo a prueba. Finalmente, luego de horas de dolor y una prácticamente aparentemente inútil para todos menos para el maestro, él anuncia: “Neiman, te ganaste tu lugar”. De pronto, todo tiene sentido de nuevo. 



Esta película juguetea con una historia romántica: el baterista conoce a una chica en el cine, la invita a salir, comienza a conocerla. Pero no da la talla: el baterista comprende que su búsqueda es por la música y la perfección, y el escritor entiende que la historia que tiene que contar es la del maestro y su aprendiz. Ambos artista y personaje abandonan a la chica como la distracción que es. Y al final de la película, en un recital, la relación entre Neiman y Fletcher finalmente se consuma, con un resultado que no deja decepcionado a nadie. 

J.K. Simmons y Miles Teller son la película. Chazelle tiene una dirección elegante e inteligente: como en el jazz, improvisa y mezcla encuadres y tomas para poner en su lugar las distintas piezas de la batería, de la orquesta y la película. El guion es impecable. La música, tanto las composiciones originales como los estándares de jazz elegidos, son imponentes. Pero es la actuación de Simmons y Teller lo que hace que Whiplash valga la pena.   

Jorge Balmelli @JorgeBalmelli
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