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Mala Rodríguez: Licencia para matar

María "Mala" Rodríguez encantó al público que asistió a La Trastienda el lunes 27 por la noche. ¿Por qué la rapera española seduce de manera tan salvaje e hipnótica? Aquí, un intento por dilucidar tan difícil cuestión. Por Martín Fernández.

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Presencié dos shows: por un lado, el que disfrutaron los fanáticos de las primeras filas, intensamente comprometidos con cada intervención de la cantante, exultantes y al borde de la obsesión; por otro lado, el espectáculo que presenció el resto del público.

Sigo. Se generaron dos atmósferas: una en la que primó el calor, el sudor y los manotazos para poder tocarla a ella, dueña exclusiva de un espectáculo que no brilló por su calidad vocal ni el sonido; sí por la interacción y la tensión.

La segunda nube; hablo de los sectores medio y final: baile, gritos y otra temperatura, más agradable.





Abrió Esclavos de su último disco, Bruja. Una introducción que duró varios minutos y motivó los gritos recriminatorios de los más ansiosos. Luces violetas, una base sin sobresaltos e irrumpió La Mala. 

Vestido negro, portaligas del mismo color y zapatos rojos; no vistió nada más. “¿A qué rendir pleitesía? Sólo los esclavos saben lo que vale un día de su vida”, palabras que rompieron el silencio. Siguió Caja De Madera, otra canción de Bruja.



“Mala amo tus letras”, “Mala sos lo más”, “Mala te amamos”, “Mala bienvenida a Montevideo”, “Mala quedáte al after”, vomitó una fanática en menos de un minuto, densa e inquieta; pesada. 

El show siguió hasta que, pasada media hora, le arrojaron a la rapera un vaso de plástico con agua que impactó en su cabeza. La música se paró de inmediato. Silencio incómodo. Mirada inquisitiva de La Mala. “¿Quién fue?”, preguntó desde el escenario. “Fui yo, perdoná”, dijo uno; “fui yo”, extrañamente se solidarizó otro; “hace calor Mala”, apoyó otro. Cinco minutos de interrupción y el show siguió. 



Pese al momento incómodo, Rodríguez redobló la apuesta: agarró un puñado de botellas con agua y empapó a los presentes. Ahora sí hablamos de un show. Escenario mojado, monitores salpicados, público desacatado y la fanática, que escupió mil alabanzas por segundo, en su salsa.

Más de La Mala y su carisma. Invitó a un grupo de chicas a bailar al escenario y los fanáticos deliraron; invitación que repitió al final del espectáculo.



No es tarea sencilla entender por qué La Mala provoca delirio en sus seguidores. ¿Serán sus canciones? ¿Serán sus letras? ¿Será su apariencia? Cada movimiento, cada vez que la rapera habla derrocha encanto y simpatía. No es una agente secreto ni trabaja para el servicio de Inteligencia, sin embargo, tiene licencia para matar.

Martín Fernández @martinfercan

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